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La Bienvenida Diversidad y Diferencias, que nos iguala tanto a todos...


Muchos muchos años atrás, en Miami, cuando ver gente con Down trabajando en Burger King no era común, me sorprendí al ver a un muchacho con la risa fácil, limpiando y ordenando mesas. Me lleno de satisfacción verlo, y creo que ahí empecé a abrir los ojos y encontrar en otros lugares gente con capacidades diferentes, y gente minusválida, trabajando en diferentes negocios. Recuerdo en un Publix, otro muchacho Down ayudando a empaquetar, también, con una alegría que contagiaba.
En la universidad tuve un compañero de curso en silla de ruedas, y no debe haber sido fácil movilizarse por el Campus, aunque ya estaban bastante avanzados en tener infraestructura preparada. No recuerdo haber tenido compañeros de clases ciegos  o sordos o mudos, -tal vez los había pero nunca me fijé -, pero mi descubrimiento casual me permitió cambiar mi mirada, y comenzar a observar de mejor manera lo que me rodeaba.

Cuando volví a Chile, me tocó trabajar en Empresas Interamericana, del grupo AIG, y recuerdo que sus telefonistas, de acuerdo a lo que alguien me comentó, eran ciegas. Sus voces eran dulces, te reconocían inmediatamente con nombre y apellido, lo que no dejaba de sorprenderme pensando en el volumen de llamadas que deben haber tenido. Después, en otro Burger King en Santiago me tocó conversar con otro muchacho con la misma sonrisa que los de Miami. Y actualmente, en mis clases de Taekwon-do, hay un cinturón negro, III Dan, sordo-mudo, que se comunica my bien con el resto de nosotros, y otro Cinturón Negro, que tiene alguna deficiencia neurológica no menor, que tiene la sonrisa más dulce, y la mejor actitud que he visto en nuestro Dojang (Lugar de Práctica, en coreano).

En mi vida personal y profesional, me he rodeado siempre de muchos extranjeros. He viajado por el mundo (...lo bueno es que aún me queda mucho por recorrer...), he conocido la gente más increíble, y también he gozado de conocer muchos extranjeros en Chile, que optaron por hacer su vida en nuestro país. Yo mismo he sido inmigrante en USA, más de 12 años, y mi trabajo en multinacionales me ha enriquecido por las diferencias culturales, las nuevas miradas, y la creatividad de los que no tiene fronteras mentales para ver en toda interacción una oportunidad de aprendizaje, venga de quien venga. Les agradesco a todos ellas/os por lo que me han enseñado al mirar "desde fuera del cajón", aceptando nuestras diferencias con riqueza, y no con temor.

En mi pre-grado en USA, fui a una universidad rica en diversidad de nacionalidades. Entre profesores árabes, israelitas, indios, holandeses, cubanos, chilenos, colombianos, entre otros, fui forjando grandes amistades y admirando sus visiones.
En mi MBA en Chile, tuve pocos compañeros extranjeros: de 50+ solo había un Peruano, Sudafricano, Uruguayo, Argentino, y una compañera Sueca. El lenguaje común era el español, pero usábamos el inglés a veces, y éramos nosotros (incluyéndome a mi, el chileno descafeinado) los responsables de apoyar en las traducciones de material en inglés que algunos profesores nos entregaban.

Cuando miro a Chile hoy, con la diversidad de ciudadanos, venezolanos, peruanos, haitianos, argentinos, bolivianos, españoles y tantos otros, sigo apreciando lo que la diversidad crea, y no lo que asusta y separa. Dentro de mis alimentos diarios, como arepas, ceviche, bandeja paisa, carnes uruguayas y paraguayas, camarones ecuatorianos, cafe brasileño, mate argentino, pastas italianas, y me siento dentro de este mundo de billones de habitantes, como un ciudadano del mundo.

¿A qué le tememos cuando hablamos de los terrores de la inmigración, de los peligros de la globalización, de la fragilidad nuestra frente a la increíble actitud y tesón del extranjero?
Miedos infundados a lo desconocido, a no querer mezclarse, a mirar desde arriba a los otros, a sentirnos superiores, a sentir que somos "la raza escogida".
Mi abuelo llegó de España, a hacer muchas cosas importantes, pero, para mí hizo la más importante: Casarse con mi abuela y engendrar a mi madre. Todo lo que se construyó desde ahí ha sido virtuoso, inclusive aquello desafiante que me ha construido en lo que hoy soy.

Y no me siento extranjero en mi país, como no me siento extranjero fuera de él. Soy un ciudadano del mundo, de este planeta que nos pertenece a todos de igual manera. Y le doy las gracias a la generosidad de muchos/as personas que, sabiendo que yo había nacido en una tierra al sur del mundo, donde explotan los terremotos más grandes del planeta, no se limitaron a encerrase en sus cuevas y guaridas, para no conocerme. Al abrirse a lo distinto, me permitieron a mi aprender de lo que no conocía, y desde ahí, devolver la mano a otros ciudadanos del mundo, tan ávidos de conocer como de entregar.

Que vivan las diferencias entre todos nosotros, y que el temor a lo desconocido no nos congele de la oportunidad de un eterno asombro sobre la naturaleza humana.¡¡¡

 

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